Sí,
has leído bien: no creo en el concepto “nativo digital”. Es más, podría decir
casi que desconfío de él. Nacer rodeado de aparatos digitales, crecer imbuido
de las nuevas tecnologías, no implica que se sepan utilizar… bien.
Porque
no basta con apretar un botón (ni diez). Porque no es suficiente con saber qué
se puede hacer con un dispositivo electrónico ni cómo utilizarlo. Porque lo
importante, lo esencial, no es el qué ni el cómo, sino el POR QUÉ y el PARA
QUÉ. Y eso no se nace sabiendo. Eso hay que aprenderlo. Y si se descuida este
aspecto, si lo damos por supuesto, corremos el riesgo de equivocarnos. Todos.
Y lo digo como madre de dos niñas que cursan Primaria, y veo y observo cómo usan sus amigas las aplicaciones móviles sociales. Lo afirmo como docente que colabora en másters y cursos de postgrado sobre marketing y transformación digital, y me encuentro con alumnos recién licenciados que no saben gestionar su marca personal, ni herramientas básicas digitales. Lo reitero como profesional que he lidiado con errores generados por quienes se suponía que, por su edad, debían saber con qué estaban trabajando.
Porque
yo tuve que aprender, sigo aún aprendiendo y sé que sólo soy medianamente
consciente de lo que aún me falta por saber. Pero por eso, también, sé que no
basta con que te den un lápiz para empezar a escribir.
¿Y
entonces?
Entonces,
en lo que sí creo, lo que sí estoy convencida de que existe, es la “brecha
digital”, pero no en su acepción
tradicional, sino concebida como diferencia entre quienes sí entienden,
conocen y tienen integradas las nuevas tecnologías en su vida con un uso
racional… y quienes no las entienden, o no las conocen, o no saben hacer un uso
racional, ni se enfrentan a ellas de forma natural. Y en esto, no importa la
edad.
Hace
apenas unos días, fue Trending Topic en Twitter el
enfado de una madre con el Periscope de su hija y los móviles. Una madre
que, cuando menos, no era usuaria habitual de esta aplicación. Poco después, en
un Instameet en Madrid, una fotógrafa me habló del uso irracional que hacen las
adolescentes de Instagram, y del rechazo inicial que en el entorno Instagramer
generan los menores de edad.
Pero
¿si los padres no conocen las aplicaciones sociales, cómo van a enseñarles a
sus hijos un buen uso? ¿Y si los niños están utilizándolas masivamente, y en
edades cada vez más tempranas, y los adultos les cerramos las puertas al
conocimiento, qué y de quién van a aprender?
¿Qué
nos queda? ¿Qué hacemos con los niños, ahora que aún estamos a tiempo de que
escucharles y de que nos escuchen, antes de que entren en esa mítica edad (sí,
por la que tú también pasaste) en la que definitivamente dejan de escuchar?
Hace
ya tiempo escribí 14
consejos básicos para educar a los niños en el uso de Internet y las redes
sociales, y también esta guía
para prevenir y atajar el ciberacoso escolar. Hoy traigo algunas
reflexiones sobre cómo contribuir a que el presunto nativo digital lo sea de
verdad.
1. Los
programas de control parental no sirven
Lo sé: son muy efectivos para bloquear
el acceso de los niños a contenidos digitales no aptos para su edad, o no
deseables. Pero no sirven. Primero, porque es imposible instalar controles
parentales en todos los dispositivos al alcance del niño, quien probablemente
lo que más usa, para empezar, es tu propio smartphone (el del padre, la madre o
el hermano mayor). Segundo, porque si no quieres que acceda a contenidos
inapropiados, lo único realmente válido es que tú estés con él, junto a él, o
detrás de él, cuando utilice Internet, jugando y acompañándole. Y tercero,
porque soy partidaria de que es mejor que aprenda a detectar e identificar
cuándo un contenido no es adecuado, y tenga la confianza para avisarte y
contártelo. Porque es importante
que entiendan cuanto antes que determinados contenidos de Internet no son
adecuados, y por tanto, no se deben no sólo consultar y consumir: sobre todo,
no se deben GENERAR. Siéntate con ellos. Navega con ellos. Enséñales a
discriminar.
2. Las
apps sociales móviles contribuyen a la creatividad infantil
Y eso es lo que
hay que fomentar. Se pueden grabar mini películas stop-motion con sus juguetes
a través de Vine, contar historias con imágenes y elaborar collages en
Instagram, preparar coreografías en Musical.ly, transformar fotos e vídeos con
VivaVideo. Sin olvidar que antes de eso, el niño ha debido embadurnar sus dedos
con pintura de manos, jugar con pinceles, contar historias inventadas y no sé
cuántas cosas más. La capacidad creativa no se improvisa, las nuevas
tecnologías son solo un instrumento más.
3. La
descarga e instalación de apps debe ser supervisada
No, los niños no deben
tener la posibilidad de descargarse directamente las aplicaciones que deseen:
debe ser un adulto quien las descargue (y controle las claves de descarga),
las instale en el dispositivo móvil (sin tarifa de datos, sólo con conexión
wifi) y supervise la creación de la cuenta, las condiciones de privacidad y el
contenido que el niño/a publica. La tutela y seguimiento es fundamental.
4. El
aprendizaje también puede ser conjunto
Porque quizás los padres no conozcan la
última aplicación de moda en el colegio. O quizás no tengan muy claro cómo
sacarle partido. Pero no eso no les exime de responsabilidad: si tu hijo la va
a usar, si le vas a permitir instalarla en su móvil, debes saber en qué
consiste y cómo orientarle en su uso. Experimenta. Investiga. Pregúntale. Aún
puedes, aún estás a tiempo. Dentro de unos años, ya no. ¿Y para qué le puede
servir a un niño Periscope? Viaja con él, revisa qué se está emitiendo en otros
lugares del mundo, comprueba cuál puede ser curioso e interesante y visualízalo
con él. Que no lo considere una mera app de exhibicionismo en streaming.
5. El
uso del dispositivo móvil ha de ser regulado
En tiempos, horarios,
circunstancias de uso, lugares. Sí, hay pre-adolescentes españoles haciendo
retransmisiones en pijama a las 2 de la madrugada, desde su dormitorio, a
puerta cerrada. Pero, ¿me puedes explicar por qué un niño de 13 años tiene un
móvil a mano a la hora en la que se supone que debería estar durmiendo? Y
recuerda también: los niños copian pautas de comportamiento; si te ven todo el
rato pendiente de tu móvil, ¿qué esperas que hagan ellos?
6. Fomentar la autoconfianza del niño es esencial
Algunos lo tienen grabado a fuego: cuantos
más seguidores acumules, más importante eres; cuantos más “likes” registres,
más popular; cuantas más visualizaciones de vídeo, más genial. Y por
conseguirlo, pueden ser capaces de cualquier cosa. ¿Te sorprende? Conozco a más
de un adulto con esa mentalidad. Hazles sentir, cuanto antes, que lo importante
son ellos, no los “likes”. Que ellos son quienes deciden qué quieren mostrar y
cómo se quieren presentar, no los demás. Que formar parte del grupo no implica
renunciar a su propia personalidad.
Y un
consejo extra: Hazte su mayor fan. Sígueles, diles cuánto te gusta lo que
hacen, comparte sus éxitos, alaba sus virtudes, comenta sus aciertos. En las
redes sociales, y sobre todo, en la vida real. Aún estás a tiempo, luego quizás
sea ya demasiado tarde.
Y
tú, ¿qué opinas?
Foto:
FreeDigitalPhotos
Muchisimas gracias por esta reflexion, me ha parecido muy interesante.
ResponderEliminarGracias a ti Ángela por visitar mi blog. Un abrazo,
EliminarGracias María...! tus artículos claros e ilustrativos....!
ResponderEliminarGracias Guiseppe, me alegro de que te guste el blog! 😀
EliminarGracias María. Me ha encantado tu artículo. Abrazos
ResponderEliminarRafa Ortega
Gracias María. Me ha encantado tu artículo. Abrazos
ResponderEliminarRafa Ortega
Gracias a ti Rafa por visitar mi blog! 😀
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