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Con
este título encabezo el capítulo con el que participo en el whitepaper “Digital
Business & Disruptive Technology” editado por Madrid School of
Marketing, que analiza los retos y desafíos que deben abordar los profesionales
del marketing y la comunicación. En él trato de esbozar en qué consiste el blockchain,
qué aplicaciones concretas está teniendo y qué desafíos plantea. Os dejo el
contenido del capítulo, podéis descargar gratis el whitepaper completo aquí.
“Esta tecnología representa nada menos que la segunda generación de
Internet y tiene el potencial de transformar el dinero, los negocios, gobierno
y sociedad”, advertía ya en junio de 2016 el World Economic Forum (WEF). ¿De
qué hablaba? De blockchain, la tecnología que está detrás de la moneda virtual
más conocida del mundo, el bitcoin. Más que una tecnología, un conjunto de
ellas: las que hacen posible que ordenadores puedan gestionar información
compartiendo un registro distribuido, descentralizado y sincronizado entre
todos ellos, para transmitir dicha información de modo seguro, encriptada, respetando
la identidad y de forma que el registro sea inalterable y no se pueda borrar, para
que no sea posible manipular los datos. Ahí es nada.
Ahora bien, ¿qué hace al blockchain (o cadena de bloques) tan
singular? Entre otras, su capacidad para saltarse intermediarios a la hora de
realizar transacciones, reforzando al mismo tiempo la confianza en la
operación. Y además, sobre todo, su carácter transversal, aplicable a múltiples
actividades en banca, energía, administración, contratación,
telecomunicaciones…
La advertencia del WEF no era baladí: la aplicación de esta nueva
tecnología dará, está dando ya, lugar a nuevas formas de gestionar y entender
múltiples facetas de la vida y los negocios. Japón se convirtió el 1 de abril
de 2017 en el primer país en reconocer el bitcoin como medio de pago legal, con
la entrada en vigor de su nueva Ley de Servicios de Pago; aunque no llega a aceptarla
como moneda de curso legal, sino solo como un activo más, representa un paso en
hacer esta moneda menos virtual y más real.
Poco más tarde, en mayo, en España se anunciaba la creación de la Red
Lyra, la mayor cadena de bloques del país, en la que se han unido una veintena
de empresas de la talla de Gas Natural, Santander, BBVA, Sabadell, Iberdrola,
Bankia y Cepsa para desarrollar nuevos sistemas para que cualquier persona
pueda identificarse digitalmente de forma segura. Se trata, según sus
fundadores, del primer proyecto de blockchain en el mundo que engloba a
empresas de múltiples sectores. Su objetivo es que cada entidad o usuario que
forme parte de la red tenga asociado un documento digital en el que se pueda
guardar de forma segura todo lo necesario para su identificación y firma legal,
certificado por notarios. ¿Dónde quedó el DNI electrónico?
Por su propias características, la identidad digital es, de hecho,
campo abonado para que entre en acción el blockchain. Naciones Unidas tiene en
marcha un ambicioso proyecto denominado ID2020, en colaboración con empresas
privadas, con el objetivo de garantizar el acceso a una identidad digital a los
1.500 millones de personas en todo el mundo que aún carecen de identidad
oficial reconocida, de ningún tipo: refugiados, víctimas de la trata de
personas, individuos bajo el umbral de la pobreza… Todo ello, basado en… Sí:
blockchain.
Pero hay más: se prevé que blockchain resulte clave en sectores como
el trading de la energía, por la naturaleza descentralizada de este sistema; en
el sector financiero, donde según el WEF el 80% de los bancos tiene ya en mente
proyectos relacionados con blockchain; o el asegurador, en el que cinco grandes
compañías europeas (Aegon, Zurich, Allianz, Munich Re y Swiss Re) se han unido para crear B3i
y explorar usos de la tecnología bockchain en, por ejemplo, reaseguros.
Pero no todo son
macroproyectos: existen también iniciativas más modestas, de pequeño alcance,
más orientadas a impactar en la vida cotidiana. Como el Brooklyn Microgrid de
Nueva York, que permite a los habitantes de este barrio comprar y vender
energía solar generada localmente (por ejemplo, en paneles situados en los
tejados o azoteas de sus casas). O Sharge, una red creada por emprendedores
españoles destinada a la recarga de vehículos eléctricos, a través de Internet
y utilizando blockchain.
Quedan aún, no
obstante, varios desafíos y lagunas pendientes. Ya hay quien advierte de que el
interés de tantas empresas por desarrollar esta tecnología puede llevar a la
creación de múltiples blockchains con diversos protocolos, lo que dificultaría
la gestión. Surge también la duda sobre las implicaciones regulatorias y
legislativas que puede aparejar la aplicación práctica de esta tecnología, y
los cambios que será necesario implementar. ¿Podría llegar a ser el blockchain
un agujero para el lavado de dinero en transacciones financieras? ¿Cómo
afectará el valor de la criptodivisa al valor de las respectivas monedas
nacionales? Si el blockchain se basa en la trazabilidad y en la inalterabilidad
del registro, ¿hasta qué punto interfiere en el derecho a la privacidad?
El reto del desarrollo
del blockchain no ha hecho más que empezar.
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